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EL FIN DEL MUNDO

lunes, 25 de septiembre de 2017

 
EL FIN DEL MUNDO
Estrabón (63 a. C. o 64 a. C. – 23 d. C.) al describir la península ibérica, dijo de él que «no era el punto más occidental de Europa, sino de todo el mundo habitado»
¿Sabéis de dónde os hablo?



Del cabo de San Vicente, en el Algarve portugués.
Lo visité hace tres veranos. Portugal tiene algo especial, es un país que evoca nostalgia con esos atardeceres  donde el sol parece que se meta a dormir al mar, como si las olas quisieran arroparle… y el viento le cantara una nana…
Esa humildad de sus gentes, esos fados, esos cafés, esas sardinas… esas frías aguas del Atlántico, esos edificios cascarilleados…
 
Portugal me evoca también a mi infancia, fueron bastantes los veranos que pasé allí, aunque en otras zonas, no en el Algarve. Portugal bien merece muchos post porque cada una de sus ciudades y sus pueblos tienen mucho que contar, pero hoy me centraré en el cabo de San Vicente.
Es geográficamente el punto más alejado de Europa. El faro está justo sobre el montículo de piedra de un feroz acantilado. El viento allí sopla muy muy fuerte, aún en agosto. Muchos somos los turistas que se acercan a ver el atardecer hasta allí. Muy puntual, entre las 20 y las 20.15 horas, el sol va bajando poco a poco, muy lentamente, lo miras y parece que supiera que está siendo tan admirado y esperado. La luz cambia de una forma mágica, es impresionante como en 15 lentos minutos se hace de noche.

La bola de fuego se mete en el mar como si el azul intenso del horizonte fuera un enorme edredón que lo cobijara hasta la mañana siguiente. En las nubes queda el destello y el reflejo del sol. Engaña la vista porque el efecto espejo y parece que no haya sido tragado por el Atlántico.
Observar este atardecer callado y atento es una experiencia inolvidable, podréis ver muchos atardeceres, pero ninguno como éste.  Yo tengo la gran suerte haber viajado bastante para mi edad y de verdad que no recuerdo un atardecer igual.
 
La costa del Algarve portugués es muy brava y muy accidentada, a mí me recordó mucho a la costa de Malta que justo visité el año anterior. Muy rocosa y agitada. También se puede asemejar a la costa brava catalana.
En el cabo de San Vicente lo más guay tras sus atardeceres, es su faro. Un faro bonito, de película. Un faro con su enorme bombilla para avisar a todos los barcos de que ya están avistando la península Ibérica.
 
 
Sudadera: Mango (old)
Pantalones: Mango (old)
Zapatillas: Crivilé (old)

"Que el fin del mundo nos pille bailando..."

Hasta la semana que viene
 

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